jueves, 31 de diciembre de 2015

Reflexiones

Inevitablemente, que un año termine conlleva echar de menos.
Conlleva recordar todo lo que pudo haber sido, pero no fue. 
Conlleva recordar todo lo que fue y no debió ser. ¿O sí?

Quizá simplemente no debería de haber 'deberías'.
Básicamente, todo lo que no pasó o, todo lo que sí sucedió,
ha forjado a la persona que somos ahora.

Y aunque, inevitablemente, todos terminamos cayendo en el saco del arrepentimiento, os animo (tanto a vosotros, como a mí misma), a que intentemos esquivarlo. Saltarlo, huir de él. 
No vale la pena arrepentirse, tan solo hay que ser un poco inconformista, un poco observador, un poco curioso. Tan solo consiste en ser constante, en ponerse objetivos, metas. En luchar por lo que queremos. En no rendirse nunca. 

Sed un poco creativos, sed diferentes, buscad la originalidad. Sed felices, aunque sea atravesando un camino difícil, pero felices. Porque yo sí creo en las listas de propósitos, enfocadas a metas, y cuya única finalidad es eso, la felicidad.

Y si alguna vez se os acaban las ganas de seguir construyendo vuestra felicidad, leed de nuevo la lista de propósitos. Y renovad la confianza, la alegría, las ganas. 

Que por falta de ganas, no sea.

Feliz 2016. 







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